
EL CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE BURGOS, RENÉ PAYO, EXPLICA QUE «LAS RAZONES POR LAS QUE SE CAMBIA EL NOMBRE DEL PUEBLO NO SIEMPRE ES EL MISMO», AUNQUE EN SU INMENSA MAYORÍA RESPONDE A RAZONES ETIMOLÓGICAS
En un momento en el que la Ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local amenaza con hacer desaparecer municipios que podrían quedar integrados en otros ayuntamientos mayores, la historia nos demuestra que esta situación no es nueva y que a lo largo de los años se han vivido numerosos cambios en nuestros pueblos que se han incorporado a otros municipios o se han segregado para conformar un nuevo núcleo rural. o simplemente han mutado su nombre o añadido accidentes geográficos para buscar una especifidad o evitar confusiones con otras nomenclaturas iguales o similares.
El pasado 2 de julio se cumplía un siglo de una de las modificaciones de toponimia más grande que se ha dado por real decreto en nuestra historia más reciente y que supuso el cambio de nomenclatura de más de 500 pueblos de toda España, 17 de ellos en Burgos.
En Burgos, teniendo en cuenta que hay 371 ayuntamientos y 1.414 pueblos pocas modificaciones fueron, cuando, si se compara con la provincia de Valladolid, en virtud de este real decreto mutaron su nomenclatura 18 municipios. Ese real decreto, firmado por el rey Alfonso XIII afectó a 537 pueblos de toda España y se argumentaba la modificación en que de los más de 9.000 pueblos existentes 1.020 tenían el mismo nombre y conducía a errores.
Razones filológicas
El cronista oficial de la provincia de Burgos, René Payo, explica que «las razones por las que se cambia el nombre del pueblo no siempre es el mismo», aunque en su inmensa mayoría responde a razones etimológicas, como es el caso de Villalbilla «que suena mejor v-v, pero Villabilla es la Pequeña Villa Blanca (del latín albus). Lo lógico era que fuera V-b, pero se pusieron las dos con ‘v’ porque entonces no había una norma ortográfica de la academia de la lengua. Posteriormente, la nomenclatura cambió a su origen filológico.
Algunos ejemplos
Igual pasó con el caso de Castrillo Mota de Judíos, cuyo nombre se debe a al alto donde se ubicaba la judería «y que todavía existe ese alto». Es el último pueblo que ha visto modificada su nomenclatura para erradicar connotaciones xenófobas y que ha llenado páginas de la prensa nacional e internacional. Payo es contundente en este caso: «Se fue degradando su etimología y de mota paso a mata y ahora ha vuelto a Mota».
En cualquier caso los cambios de nomenclatura de los pueblos han sido históricamente bien por la evolución propia del lenguaje o por raíces filológicas, aunque hay muchos casos en los que la modificación se debe a la desaparición de esas localidades que se han sumado a otros términos municipales o bien para diferenciarlos de otros que se llamaban igual «y entonces la modificación respondería a una situación geográfica, incorporando alguna característica de su entorno como ríos u otros accidentes geográficos».
Hay no obstante curiosos cambios a lo largo de la historia menos reciente. Es por ejemplo Villapún. «Es Castildelgado. Era un nombre malsonante y decidieron en relación con la familia que tuvo gran protagonismo en Castildelgado que son la familia de los Gil Delgado, donde destacaba un obispo». La mutación del nombre se produjo en el siglo XVII. «Yo creo que fue el obispo quien decidiera cambiarlo porque Villapún le parecía malsonante y le dio el nombre de su familia que le daba más prestancia», incide el cronista de la provincia.
En cualquier caso, ha habido pueblos que han modificado su toponimia por considerarlos «malsonantes» y en ocasione ha podido pesar el «volver a una pureza de carácter filológico» igual que Grijalba es «iglesia blanca». Pero también pudieron responder a connotaciones políticas o de interés» como en el caso de Castrillo Mota de Judíos ya que en el siglo XVI con esa oleada de marcado carácter antijudaico, igual venía bien y no respondió sólo a una degradación del lenguaje», reflexiona René Payo «aunque nunca se sabrá si se produjo por interés o por degradación del lenguaje».
Fresneda de la Sierra, Quintanadueñas, Olmillos de Sasamón, Medinilla, Monterrubio de la Demanda, Quintanaláez, Quintanilla y Tordueles o Gamonal de Río Pico, son sólo algunos pocos de los más de 600 pueblos que han visto mutado su nombre desde el año 1842 hasta nuestros días.
CIEN AÑOS DE CAMBIO
Hace un siglo los municipios burgaleses que modificaron su nombre fueron Arraya que pasó a denominarse Arraya de Oca; Buniel o Villarreal de Buniel pasó a conocerse por Buniel; Fresneda de la Sierra se convirtió en fresneda de la Sierra Tirón; Gamonal, asumió el distintivo de Gamonal de Río Pico, «aunque hoy en día nadie duda que Gamonal es el barrio de esta ciudad», explica René Payo.
También se modificaron los nombres de Medinilla (Medinilla de la Dehesa); Monterrubio de la Sierra que pasó a denominarse Monterrubio de la Demanda; Olmillos junto a Sasamón, por Olmillo de Sasamón; Páramo que a partir de ese momento sería conocido como Páramo de Arroyo; Royuela que se convertiría en Royuela de Río Franco; Santa Cruz del Valle añadiría de Urbión; Santovenia sumaba a su nombre ‘de Oca’ y Tórtoles su apellido ‘de Esgueva’. La localidad Valles sería conocida a partir de entonces como valles de palenzuela y Villalvilla junto a Villadiego será denominada desde entonces como Villalvilla de Villadiego. Un Villalbilla más cercano a la capital y que aún entonces llevaría en su nomenclatura las dos ‘v’, añadiría el apellido ‘de Burgos’, mientras que Villanueva del Conde pasaría a conocerse como Villanueva de Teba. Finalmente, Villavieja asumiría el ‘aditamento’ de Muño.
Cambios en los nombres hace un siglo que, sin embargo no han sido los definitivos ni los únicos pueblos en modificar su nombre. Así, por ejemplo, es el caso de Villalbilla de Burgos que hoy se escribe, como recordaba Payo con v-b, el mencionado Castrillo Mota de Judíos, pero hay más.
Tras la desamortización de Madoz, un año después los pueblos de Burgos sufrían una de las mayores modificaciones en sus toponimias, bien porque los territorios desaparecían para incorporarse a otras poblaciones más grandes o bien porque se segregaban y o permanecían solos o se unían a otros pueblos diferentes. Además se produjeron por las mismas razones que hace un siglo, para poder diferenciarlos de otros que se denominaban igual, modificaciones en su nomenclatura añadiendo accidentes geográficos al principal, modificando grafías o uniendo dos palabras para hacerla sólo una. «Con ello se evitaba confusiones postales y se buscaba especifidad al pueblo».
Un caso curioso, aunque no el único, se da en Solas de Bureba que en 1948 pasa a denominarse Llano de Bureba. «Había un problema de identificación» para no confundirlo con Salas de Bureba o Salas de los Infantes. «Solas ha dado lugar a apellidos en familias aquí de la provincia».
El primer documento histórico en el que aparece el nombre de Solas de Bureba data de 1011 pero en el siglo XX, con la llegada del ferrocarril Santander-Mediterráneo se agravaron las confusiones y los envíos de cartas y documentos pertenecientes a Solas eran dirigidos a Salas. La elección del nuevo nombre, Llano de Bureba, no fue difícil teniendo en cuenta la orografía del municipio. El Ministerio de la Gobernación tardó dos años en tramitar la solicitud y fue autorizado en 1950.
Desde entonces hasta la llegada de la Democracia los cambios han sido una constante en mayor o menor medida. De hecho, el documento ‘Variaciones de los Municipios de España desde 1842’ del Ministerio de Administraciones Públicas, recoge hasta 600 cambios desde esa fecha hasta 1999.
Desde 1996 en Castilla y León se han producido las mutaciones más recientes por el que cambiaron de nombre nueve pueblos, tres de ellos en Burgos. Por un cambio en la grafía Cabia que pasó a denominarse Cavia y Gumiel de Hizán fue sustituido por Gumiel de Izán. La otra modificación fue Quintanilla de Agua y Tordueles, antes denominado Quintanilla-Tordueles.
El municipio era el resultante de la fusión de dos Quintanilla del Agua y Tordueles que se fusionaron durante los años 70 en un nombre con el que se perdió parte de la denominación de la ‘capital’, «el Agua» de Quintanilla del Agua.
Actualmente los dos núcleos están unificados bajo la misma denominación, extremo que no les beneficia a la hora de las ayudas provenientes de las administraciones regional y provincial, dado que se computa como un único municipio cuando en realidad son dos distando entre ello cerca de tres kilómetros, por lo que los servicios están duplicados, pero perciben como un único núcleo rural.
Fuente: http://www.elcorreodeburgos.com/
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